VESTUARIO

El vestuario de ERENDIRA IKIKUNARI fue basado en completamente en las ilustraciones del códice del siglo XVI, LA RELACION DE MICHOACAN, donde aparecen representados de manera estilizada casi todos los estratos de la cultura purépecha precolombina. Considerando que estas ilustraciones de trajes son estilizaciones, su conversión a vestuario concreto y tridimensional fue un verdadero reto. En lugar de buscar los materiales y telas originales, cueros de ocelote, venado, plumas preciosas, telas de yute o algodón burdo, los sustituimos por materiales en uso por los grupos étnicos, tales como el petate, que sirvió para crear las armaduras, y telas tejidas a mano. En lugar de bordar se realizó una pintura textil que imitaba los dibujos de los códices. Esto dio un resultado muy interesante, pues al combinar a los actores así vestidos con los dibujos de personajes de los códices ampliados a escala humana, en el set, o en compuestos digitales, todos los elementos se integraron perfectamente. De esa manera se logró el objetivo de la imagen visual de la película, la de un códice precolombino cinematográfico.

Otro reto fue el presentar como seres sobrenaturales a los soldados europeos del siglo XVI, que ya se han convertido en imágenes convencionales. Para esto tratamos de verlos a través de los ojos de los Indígenas, “Guerreros cubiertos de hierro, que habían descendido del cielo”, la solución la encontramos en la danza folclórica de los Cúrpitís, creada por los puréhpechas. En ella se ven a los europeos desde la visión indígena, con los rostros cubiertos por máscaras de madera que muestran al hombre blanco. El vestuario de los europeos consistió entonces en una mezcla de armaduras renacentistas con vestuario de danza de los Cúrpitis, y por supuesto, máscaras de hombres blancos. El uso de la máscara, entonces, se llevó incluso a la representación de todos los dioses. Usándose máscaras puréhpechas de diablos para representar a las deidades precolombinas y una careta metálica para el caballo, que de esa manera adquirió por asociación dimensión divina. Esto, por supuesto, hasta que los indígenas se dan cuenta de que los invasores son humanos y los desenmascaran.

El único que nunca es desenmascarado es el caballo.