EL ARTE DE ERENDIRA
ERENDIRA, IKIKUNARI, es la REPRESENTACIÓN CINEMATOGRÁFICA DE UN MITO y no de un hecho histórico. Su lenguaje es SIMBÓLICO, ya que un mito es una imagen poética grandiosa referida a aspectos esenciales de la cultura del pueblo que la creó. Situada fuera del espacio y tiempo históricos y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico que presentan una realidad humana de significación universal.
Por eso ERENDIRA, IKIKUNARI, no es una película de época ni de reconstrucción histórica. El tiempo, lugar y sucesos que narra ocurren únicamente en el ámbito simbólico del mito, en un estilo NO REALISTA.
Los elementos utilizados para la creación de esta imagen poética provienen de dos fuentes: de los restos arqueológicos de la cultura puréhpecha, incluyendo arquitectura, escultura, cerámica y códices pictográficos, y de las expresiones culturales contemporáneas de esta etnia: artesanía, música, danza, etc.
Los recursos técnicos para integrarlos fueron los del cine y posproducción digitales, sin buscar una representación foto realista, sino una integración plástica de los dibujos de los códices con paisajes, arquitectura o hechos registrados digitalmente.
Los paisajes utilizados fueron del volcán Paricutín, de la laguna Zirahuén y del manantial “La rodilla del diablo” en Uruapan, así como de las zonas Arqueológicas del lago de Pátzcuaro: Tzintzuntzan e Ihuatzio.
La escenografía se realizó mezclando imágenes de ruinas y trojes (chozas puréhpechas tradicionales de madera) con dibujos de códices. Armados unos durante el rodaje y otros en programas de posproducción digital.
La ambientación se resolvió agregando a la acción en vivo elementos escenográficos evidentemente dibujados, creando espacios dramáticos con carácter de collage y dando un ambiente de época.
La utilería se elaboró en gran parte con elementos naturales, tales como maguey, piedras, conchas, etc. Utilizándose también aquella artesanía michoacana que ha variado nada o poco desde la época precolombina.